Product Design19 de agosto de 20268 min de lectura

Página de precios SaaS: 6 arreglos para no perder clientes

Gartner sitúa en el 67% los compradores B2B que compran sin comercial, y su arrepentimiento sube un 23%. Seis arreglos para una página que decide.

Sign lists prices for beers and cocktails

La página de precios de un SaaS es la pantalla de comparación donde alguien decide, sin hablar con nadie, si el producto entra en el presupuesto, si aguanta el tamaño del equipo y si tiene sentido para los próximos doce meses. Es la página donde el interés se convierte en una cifra, y casi siempre es la última que se lee antes de registrarse o de cerrar la pestaña.

La encuesta de ventas de Gartner de 2026 sitúa en el 67% los compradores B2B que prefieren comprar sin comercial (Gartner, marzo de 2026). Esa preferencia tiene un coste: una investigación anterior de Gartner sobre compra digital midió un arrepentimiento un 23% mayor entre quienes compran sin pasar por un comercial (Gartner, 2021). De esos dos números sale el encargo de la página: dejar decidir en solitario, y proteger a quien decide de una mala elección.

Qué se le pide de verdad a una página de precios

Tres trabajos, en este orden. Cualificar: decirle a quien llega, en segundos, si es el cliente. Distinguir: hacer legible la diferencia entre planes sin abrir una hoja de cálculo. Quitar riesgo: responder a las preguntas que si no irían a un comercial, desde qué pasa al llegar al límite de consumo hasta de quién son los datos tras la baja.

Una página que solo enseña cifras hace el primer trabajo y se salta los otros dos. Ahí es donde se pierden las operaciones. El tráfico llega con la intención más alta que va a tener, lee tres columnas de marcas de verificación, no averigua qué columna le toca, y se va a comparar con quien lo ha escrito más claro.

Por qué reducir a tres planes casi nunca arregla nada

El consejo habitual es recortar el número de planes y destacar el del medio. Viene del estudio de Iyengar y Lepper del año 2000: el puesto con 24 mermeladas paraba a más gente que el de 6, pero vendía alrededor de una décima parte. El dato es real. No se generaliza como se cuenta. Scheibehenne, Greifeneder y Todd reunieron 63 condiciones experimentales de 50 estudios, con 5.036 participantes, y encontraron un efecto medio del número de opciones cercano a cero, con una varianza amplia entre experimentos (Journal of Consumer Research, 2010). La sobrecarga de elección aparece cuando las opciones cuestan de distinguir y quien elige no conoce el terreno. Desaparece cuando las opciones se comparan con facilidad.

La palanca es el coste de comparar, no el número de columnas. Una página de cuatro planes que se lee en veinte segundos le gana a una de tres donde cada fila dice informes avanzados.

Arreglo 1: di quién es el cliente, no cuántas funciones hay

Nombres como Basic, Pro y Business describen los niveles. No le dicen a una agencia de cinco personas qué columna le corresponde. Bajo el nombre de cada plan hace falta una línea que nombre al cliente y el umbral para subir: para consultores en solitario que facturan a menos de 20 clientes, para equipos de 5 a 25 personas que necesitan espacios compartidos y SSO. Quien lee se reconoce a la primera, y la tabla de abajo pasa a ser confirmación en vez de análisis.

Esa línea trabaja además en la búsqueda conversacional. Cuando un asistente resume tus precios, cita la frase que dice para quién es un plan, porque es la única que responde a la pregunta.

Arreglo 2: declara cada diferencia, también lo que falta

El Nielsen Norman Group lo dice sin rodeos: cuando dos opciones difieren, hay que explicitar la diferencia, porque quien lee o da las opciones por equivalentes o se obsesiona con un detalle menor (NN/g). En una tabla de precios eso son tres cosas. Nombrar el eje que cambia de un plan a otro y ponerlo en las primeras filas. Cuantificar cada límite en vez de escribir amplio. Enseñar las exclusiones con un no incluido explícito, no con una fila que desaparece.

Una rejilla de marcas sin ninguna cruz se lee como marketing. Una rejilla que dice lo que un plan no hace se lee como honestidad, y la honestidad es lo que rebaja el arrepentimiento en la renovación.

Arreglo 3: enseña el total, no la unidad

El precio por puesto con una parte por consumo ya es lo normal. La encuesta de Metronome de enero de 2025 a 100 empresas SaaS registra componente de consumo en el 77% de las mayores compañías de software (State of Usage-Based Pricing 2025). El problema de diseño que crea es aritmético. Una línea que dice 12 dólares por usuario al mes más 0,002 por llamada a la API le pasa el cálculo al comprador, que lo hace mal: o se pasa de largo y se marcha, o se queda corto y se da de baja con la primera factura.

Pon la aritmética en la página. Dos campos con el total en vivo, tres ejemplos resueltos sobre perfiles con nombre, y una frase clara sobre qué ocurre en el límite: corte, ralentización, o exceso a una tarifa declarada. Cuando el producto factura consumo de IA, esa línea decide el margen, que es la misma cuenta que hicimos en el coste de tokens en funciones de IA.

Arreglo 4: responde a lo que habría respondido un comercial

Cada objeción que un vendedor resolvía por teléfono sigue existiendo. En una compra sin comercial, o la responde la página, o la responde la competencia. Las siete que salen en casi toda evaluación self-service:

  • Qué pasa al llegar al límite, y cuánto cuesta el exceso.
  • Se puede cambiar de plan a mitad de ciclo, y cómo se prorratea la diferencia.
  • Hay contrato, permanencia mínima o preaviso de baja.
  • De quién son los datos tras la baja, y en qué formato se exportan.
  • Qué plan incluye SSO, registros de auditoría y un DPA firmado.
  • Se puede pagar por transferencia y factura en vez de con tarjeta, y los precios llevan IVA.
  • Qué tiempo de respuesta de soporte trae cada plan.

Van cerca del punto donde se decide, en frases sencillas, no en un artículo de ayuda a tres clics. La fontanería de debajo (mejoras self-service, prorrateos, facturas) es sobre todo configuración de billing, y comparamos las dos superficies que se encargan de ella en Stripe Checkout y Customer Portal.

Arreglo 5: guarda la vía comercial para donde toca

Alcance a medida, compras, revisión de seguridad, condiciones negociadas: esas operaciones necesitan a una persona, y poner un contacto es la decisión correcta. Esconder todos los precios detrás de ese contacto es otra decisión distinta, y le cobra a todo el que quería decidir solo la comodidad de gestionar los pocos acuerdos que de verdad exigen negociación. La posición intermedia aguanta bien: publica enteros los planes self-service y dale a la columna enterprise un precio de partida, un compromiso mínimo, o al menos la forma del acuerdo y lo que dura el proceso.

Arreglo 6: que se lea en el móvil y con lector de pantalla

Las tablas comparativas se rompen en pantallas pequeñas antes que ninguna otra cosa. El patrón que aguanta: en móvil una tarjeta por plan con las filas que diferencian repetidas dentro de cada tarjeta, en escritorio la cabecera del plan fija mientras se hace scroll, y una tabla de verdad en lugar de una rejilla de divs. Quien usa lector de pantalla navega una tabla de precios por cabeceras de fila y de columna, y una rejilla de divs no le da nada por donde moverse. Para productos vendidos a consumidores o a entes públicos en la Unión Europea esto también es cumplimiento normativo desde que se aplica la European Accessibility Act, como escribimos en diseño accesible.

Cómo se hace la revisión, en la práctica

Media jornada, en este orden. Lee la página en frío y anota qué plan elegirías y por qué; si no puedes, tampoco puede quien compra. Borra toda fila idéntica en todos los planes, porque es marketing de producto y no comparación. Reescribe las tres primeras filas para que lleven el eje que de verdad separa los planes. Añade la línea que dice para quién es cada plan. Añade un ejemplo de coste total por plan. Añade las siete respuestas del arreglo 4 en una sección bajo la tabla. Después abre la página a 375 píxeles de ancho y recórrela solo con el teclado.

El resultado se mide con dos números, no con uno. De página de precios a registro es el evidente y se mueve deprisa. De registro a activación es el que dice si la página vendió el plan correcto a la persona correcta, y solo se mueve cuando la página deja de prometer de más. Ese segundo número es el marcador honesto, el mismo que usamos para el resto del embudo en la métrica de activación.

Foto de Sergio Aguirre en Unsplash

Preguntas frecuentes

¿Cuántos planes debe tener una página de precios SaaS?

No hay un número válido para todos. De tres a cinco es lo habitual, porque suelen ser esos los tipos de cliente distintos, pero importa mucho más lo que cuesta compararlos que cuántos son. Añade un plan solo cuando corresponde a un cliente con un motivo de compra diferente, y junta dos planes cuando sirven al mismo cliente con volúmenes distintos. Si para distinguir dos planes hace falta un párrafo, el problema son las filas, no el número de columnas.

¿Tiene sentido publicar precios si casi todos los acuerdos son a medida?

Publica la parte fija y dale forma a la negociada. Un precio de partida, un compromiso mínimo o una horquilla declarada para la columna enterprise permiten decidir si merece la pena abrir la conversación. Esconderlo todo mete a más gente en un formulario, incluida la que se marcha en cuanto oye la cifra. Para un equipo pequeño con poca capacidad comercial casi siempre compensa tener menos conversaciones y mejor cualificadas.

¿Hace falta una calculadora en la página de precios?

Solo cuando la factura depende de algo que el comprador tiene que estimar: puestos más consumo, llamadas a la API, almacenamiento, tokens de IA. Con un precio plano por puesto, la calculadora añade un paso y responde a una pregunta que nadie ha hecho. Con una parte por consumo, tres ejemplos resueltos sobre perfiles de cliente cubren a la mayoría, y dos campos con el total en vivo cubren al resto. En ambos casos, al lado va una frase que diga qué pasa al pasarse del límite.

¿Cómo se cambian los precios sin perder a los clientes actuales?

Separa tres decisiones: a quién se aplica el precio nuevo, desde cuándo, y cómo se comunica. Mantener a los clientes actuales en su plan antiguo compra confianza y cuesta ingresos, así que suele convenir hacerlo durante una ventana definida y no para siempre. Avisa antes de la fecha de renovación, pon en el mensaje la cifra vieja y la nueva una al lado de la otra, y ten una página que explique el cambio en vez de un solo correo. Las condiciones contractuales y los plazos de preaviso cambian de un país a otro, así que revisa los textos con un abogado antes de enviarlos.

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